Sobre la Renta Básica

“He aquí la gran verdad universal: el dinero es todo. El dinero es gobierno, es ley, es poder. Es, básicamente, subsistencia. Pero además es el Arte, es la Filosofía y es la Religión. Nada se hace sin dinero; nada se puede sin dinero. No hay relaciones personales sin dinero. No hay intimidad sin dinero y aún la soledad reposada depende del dinero.”
Documento Humanista

El epígrafe que antecede a este breve escrito, me ha puesto en guardia contra la propaganda política tan en boga hoy en día conocida como renta básica. Específicamente el subrayado me pone en alerta: el dinero es “básicamente subsistencia”. Revela, una critica a la ideología dominante del dinero, al otorgarle obsesivamente un significado tan vital como el que adjudicamos al aire, al alimento o al agua.

Sería excesivo hacer un listado de sociedades que no utilizaron dinero o donde éste fue solo un complemento para su funcionar económico. Lo que si podría decir es que la mentalidad “adinerada” empieza a aparecer con el surgimiento del capitalismo en el siglo XV, pero se consolida no hace mucho, primero claro, coexistiendo con otras formas de transacción económica, que se fueron extinguiendo a medida que el modo de producción capitalista cundía por el planeta. Todavía en 1815 la mayoría de la gente vivía una vida en la que no había dinero, es solo casi un siglo después en 1914 cuando la mayoría de la gente de los países desarrollados vivía en una economía plenamente monetaria (Van Doren, 367).
La experiencia de contar con una mercancía que valiera no solo por su valor de uso sino por su valor de cambio, produjo un registro de libertad que contribuyó a perfilar las características del sujeto moderno en las sociedades europeas (tan proclives a universalizar sus particularidades) que brotaron en el Renacimiento. Pero esta libertad se fue convirtiendo en ideología cuando ya descontextualizada del momento humanista en que brotó, dio lugar, en los siglos posteriores al Liberalismo, doctrina que en la practica siempre ha asegurado la libertad a una mínima parte de la sociedad, a costa del consumo masivo de grandes capas de la población. Hoy ante la crisis generalizada del sistema neoliberal la renta básica, si bien puede a corto plazo ofrecer una pizca de “libertad adinerada” a los más pobres, a mediano y largo plazo aparece como un medida de tipo keynesiano, que intenta parchar las contradicciones del sistema económico capitalista con la intervención del Estado. Y a esto hay que sumar algo que los keynesianos no habían previsto: que dicho Estado podría acabar sirviendo a poderes como las mafias internacionales.
Adoptando una visión más distante, veo un escenario en el que el consumo masivo de productos de mala calidad, tipo “úsese y tírese” – por parte de grandes capas de la sociedad aumentará con la renta básica. La gran fabrica de sensación de libertad en la que se ha convertido la Tierra encontrará en este recurso una manera de perpetuarse.

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